Placeres culinarios como nuevo turismo incipiente

El ocio culinario, ya sea por el placer de la cocina o por cocinar en sí, por gozar de una buena comida (en casa o en restaurante), para descubrir nuevas recetas o nuevos productos, para debatir sobre cocina, etc. está experimentando un interés sin precedentes.

El patrimonio gastronómico atrae a los turistas de todo el mundo deseosos de descubrir otras formas de cocinar, otros hábitos dietéticos, u otros productos. Esta herencia da lugar a nuevos atractivos, a veces favoreciendo los lugares hasta entonces poco visitados o con poco valor turístico. Por tanto, podemos referirnos sin tapujos a este “nuevo” y creciente turismo gastronómico como una forma para descubrir todas las facetas del patrimonio alimentario, gastronómico y de vinos.

La relación entre la gastronomía y el turismo no es nueva. La experiencia de comer se ve cada vez más como el objetivo principal del viaje. Las expresiones para ello son variadas: desde el “turismo gastronómico” de Estados Unidos, pasando por el “enoturismo” italiano o el “agroturismo” francés, hasta el “turismo de degustación” inglés. Descubrir una nueva ciudad es también descubrir su gastronomía y hacer viajar sus papilas gustativas: Munich, Palermo, Porto, etc.

Pese a esto, la capital culinaria europea es España y su gastronomía es un importante impulso para el turismo ibérico.

Según Turespaña, 7,4 millones de visitantes internacionales llegaran al país español para descubrir la  alimentación y vinos locales. Un aumento de más del 30% respecto a años anteriores. La gastronomía, es uno de los temas que tienen el mayor grado de satisfacción de los clientes, especialmente en regiones como La Rioja o Murcia, en lo referido a vinos.

Del lujo de los ricos a un placer de masas

Los hombres siempre han viajado: migraciones de la población, las conquistas militares, el comercio, las peregrinaciones religiosas también desplazan a los hombres y, en menor medida, a las mujeres desde tiempos inmemoriales. Pero, el término de “turismo” hay que buscarlo en una etapa concreta.
Turismo – es decir, el viaje de placer – apareció a finales del siglo XVII en Inglaterra. Aristócratas ingleses inventaron las prácticas de turismo más actuales: tanto el turismo cultural, así como el turismo termal; y son ellos los que “descubrieron” que el mar y la montaña, ambientes hostiles anteriormente consideradas para el hombre, les ofrecían extraordinariamente una serie de ámbitos para sentirse jóvenes y practicar deporte.
Cuatro siglos después, el turismo se convirtió en una masa de ocio. Provoca las migraciones más importantes que la humanidad haya conocido. Más de 1.100 millones de turistas viajaron al extranjero en 2014, de acuerdo con la Organización Mundial del Turismo. Y se espera la llegada de turistas chinos y los países emergentes harán crecer aún más estos flujos en los próximos años.

En España, el sector del turismo genera el 10,9% del Producto Interior Bruto (PIB). El turismo aportó 124.000 M € a la economía española en 2015. El sector creció un 3,7%. El empleo de las ramas turísticas supera los 2,1 millones de personas y representa el 11,9%del empleo total.
Al igual que cualquier fenómeno social, el turismo tiene sus códigos. Los destinos se declinan según las clases de la sociedad y las estaciones del año, dibujando una geografía social constantemente reinventada. Los destinos turísticos, elegidos por los precursores en búsqueda de distinción social, enseguida se extienden por la sociedad a través de la imitación y la democratización, empujando a las élites de la época a inventar constantemente nuevas prácticas que los mantengan alejados de las masas. Como última ilustración del fenómeno: por 200 000 dolares por cabeza, es posible hacer un viaje por el espacio, pero quién sabe si con billete de vuelta.

Al encuentro de civilizaciones.

Desde el Grand Tour, antecesor del turismo moderno, marcado por las migraciones de los jóvenes aristócratas ingleses y el viaje a Oriente de los románticos, los turistas, hoy en día, siguen mirando más allá de lo exótico.

Las virtudes del agua y la salud del turismo.

Además del atractivo de las ruinas antiguas que caracterizaban el Grand Tour, las élites británicas se apropiaron de otra herencia antigua que se convirtió en el pretexto para nuevos viajes: la hidroterapia.

El descubrimiento de la montaña.

A partir del siglo XVIII, los aristócratas británicos se lanzan a la conquista de los picos, e inventan los deportes de invierno. Una práctica peligrosa que siguen actualmente millones de personas sólo con el afán de “conquistar” montañas. Conoce más sobre el turismo de montaña y el ecoturismo.

¡Turismo para todos!

Desde el verano de 1936, mientras España vivía la época más negra de su historia reciente, las clases populares londinenses van al descubrimiento de Francia. Estos pocos viajeros ricos serán los antecesores directos del turismo social que comienza a desarrollarse. Un modelo en constante crecimiento.

Hacia el hedonismo de masas.

El culto al cuerpo, el sol, la relajación y la costa mediterránea aparecen para muchos como el destino ideal para el verano. Pero el turismo de masas también tiene su lado negativo.

El mundo en sus manos.

La historia del turismo está estrechamente ligada a la de transporte. Más de la mitad de los kilómetros recorridos anualmente por millones de persones son hoy por motivos de turismo y vacaciones.

La mirada del turista.

El turismo es ante todo un placer visual. En la identificación de lo que “vale la pena” ser visto, las guías turísticas han sido editadas constantemente desde el Renacimiento.