La Habana, detenidos en el tiempo

Cuba es su música, sus rones y sus puros. Cuba es sinónimo de Revolución. La isla de Cuba, socialista desde 1959, tiene una influencia cultural internacional. Los turistas son cada vez más más numerosos a raíz de descubrir la cultura autóctona cubana. El turismo se convierte, de esta forma, en una de las principales actividades económicas del país, poniendo en valor los aires paradisíacos de la isla del Caribe.

Si vais a Cuba para permanecer en el hotel junto a cualquiera de las muchas playas paradisíacas de las que dispone la isla es respetable, pero no aconsejable por nuestra parte. Es preferible que seáis curiosos y salgáis de la rutina turística, ya que de esta forma descubriréis la cultura cubana, que es el verdadero encanto del país.

 

La vieja ciudad de La Habana

Fundada en 1519 por los españoles, La Habana se convirtió en el siglo XVII en un gran centro de la construcción naval en el Caribe. A pesar de que hoy en día sea una enorme metrópolis de más de dos millones de habitantes, por lo que es la ciudad más grande en el Caribe, su casco antiguo conserva una interesante mezcla de monumentos barrocos y neoclásicos con tonos deliciosamente descoloridos por el paso del tiempo. Así como es destacable un conjunto homogéneo de casas particulares con balcones, puertas y patios de hierro forjado, todos ellos muy influenciados por la arquitectura colonial española.

En el paseo marítimo, una muralla y sus fortalezas del siglo XVII nos recuerda que la ciudad fue quemada y saqueada por los bucaneros en el siglo XVI. Más tarde, fue conquistada por los británicos antes de pasar de nuevo a manos de los españoles que la convirtieron en la ciudad más fortificada en las Américas.

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Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 1982, el valor cultural de la antigua ciudad de La Habana, así como su sistema de fortificaciones coloniales fueron reconocidas a nivel internacional. Delimitando al oeste por el Paseo Martí o Prado, este centro histórico constituye un punto punto de partida ideal para visitar Cuba.

La arquitectura colonial española, las famosas calles llenas de baches y el desmoronamiento de los edificios, se combinan para dar un ambiente popular y un encanto sin igual al corazón histórico. La “Habana Vieja” se extiende desde el puerto hasta el centro de la ciudad y no son más de cinco kilómetros cuadrados. Es recomendable tener por lo menos dos días para visitarlo todo y empezar vuestra visita con la famosa Plaza de Armas.

La Plaza de Armas: La plaza más antigua del casco antiguo fue construida en el siglo XVI y se sitúa en el centro de La Habana Vieja. Dejada en desuso tras de la independencia y restaurada en 1935, fue el centro administrativo y político de la capital, atestiguando los imponentes edificios que la rodean. En el medio, un gran jardín con cuatro grandiosas fuentes y en el centro de la misma, la estatua de Carlos Manuel de Céspedes realizada en 1955 por Segio López de Mesa. Muchos libreros se instalan alrededor de este lugar todos los días de la semana excepto los domingos y venden libros a veces raros, perfectos para los coleccionistas.

La Catedral: Este edificio imponente por su majestuosidad está dedicado a la Virgen María. De ahí el nombre oficial de “Catedral de la Virgen María de la Concepción Inmaculada”. Fue construida en el siglo XVIII, a petición del obispo español de Salamanca. Se puede admirar una hermosa fachada barroca y sus columnas de estilo italiano. Los cubanos pueden certificar que las cenizas de Cristóbal Colón se posaron en la nave principal de la Catedral hasta 1898, cuando fueron repatriadas a España, concretamente a la Catedral de Sevilla.

El Malecón habanero: Se encuentra también en La Habana y comprende una amplia avenida de seis carriles y un larguísimo muro que se extiende sobre toda la costa norte de la capital cubana a lo largo de ocho kilómetros.

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El Palacio de los Capitanes Generales: Este hermoso edificio barroco construido en 1776, fue la principal residencia del gobernador de Cuba. Situado en la parte oriental de la Plaza de Armas, en el centro histórico de La Habana, se convertirá en el palacio presidencial con la Constitución de la República en 1902 (hasta 1920). Después será el Ayuntamiento de la ciudad. Hoy en día alberga el Museo de la Ciudad de La Habana, que narra su historia desde la fundación hasta la revolución, a través de diversos objetos: armas, muebles coloniales, porcelana, carruajes antiguos, trajes, cartas, etc. También posee una hermosa colección de arte, incluyendo en la planta baja, la Giraldilla, que es el símbolo de la ciudad y la estatua fundida más antigua de Cuba (1632). Se puede admirar también la estatua de Cristóbal Colón en el patio del edificio.

El Museo del Ron de la fundación Havana Club se encuentra localizado junto a la colonial Plaza de San Francisco de Asís, justo frente al puerto de La Habana. Perfecto para los adictos al ron como los redactores de #afinidadviajera.

El Castillo de la Real Fuerza: Es la fortaleza más antigua del país y fue construido el 1 de enero 1588 por el rey Felipe II para proteger la ciudad de los piratas.

El Museo de la Revolución: Se compone de más de treinta salas que recorren la historia de Cuba cronológicamente. Desde el período colonial hasta la liberación haciendo hincapié en la lucha del Ché y la construcción del socialismo. La riqueza de la colección de objetos e imágenes da sentido a la historia. Visitar este museo es totalmente necesario si realmente queréis entender la historia de este pueblo que hoy día sigue luchando por su soberanía, pese a las influencias extranjeras. No os podéis perder el “Granma”. Quedaréis impresionados. Este yate de 18 metros de largo sirvió al Che, a Fidel, así como ochenta de sus compañeros para hacer el cruce de México a Cuba en 1956. El interior no está abierto al público.

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El festival musical, pilar en auge para la economía local

“¿El arte por el arte?” Ya no. Un número creciente de estudios de impacto económico llevados a cabo por grupos de artes sugieren que los festivales de música tienen un notable impacto favorable en la economía local.

Hace algunos años, se les encargó un estudio a los grupos artísticos de la región de Berkshire de Massachusetts. Las conclusiones de este texto determinaron que la cultura trajo unos 6.000 puestos de trabajo a la región y ayudó a mantener los restaurantes y hoteles locales.

En España, la música se ha convertido en un nuevo pilar de la oferta turística veraniega y muchas de las ciudades la usan para competir con destinos más baratos del Mediterráneo. Véase el caso de Burriana, con su Arenal Sound, o el pueblo almeriense de Villaricos conocido por su ya famoso Dreambeach. Los festivales de música se han convertido en un verdadero motor del turismo cultural, ya que son capaces mover a cientos de miles de visitantes. En definitiva, la música es el más efímero de los placeres del patrimonio cultural.

Es esencial que para que un festival cultural, del tipo que sea, tenga éxito, es necesario que se cumplan una serie de condiciones en el lugar en el que se va a desarrollar: las comunicaciones, los precios, los recursos de la zona y su oferta de alojamiento.

Los festivales están favoreciendo el desarrollo del turismo cultural que atrae a turistas de todo el mundo para eventos de una comunidad local y promover el intercambio cultural entre turistas y residentes. El turismo cultural aporta beneficios a las ciudades anfitrionas, la mayor parte de éstos favoreciendo principalmente a los pequeños comerciantes y hosteleros.

No hay duda de que los festivales culturales tienen efectos importantes en la economía local, directa e indirectamente. El gasto de los visitantes sobre los bienes y servicios locales en los eventos turísticos tiene un impacto económico directo en las empresas locales y también aumenta los beneficios en toda la economía y en la comunidad específica en la que se desarrolla. Por otra parte, en países subdesarrollados o poco abiertos a la sociedad turística, el turismo cultural no tiene en cuenta la pérdida de belleza local, la degradación ambiental y los efectos que genera en la población local la participación directa e indirecta con los turistas.

En definitiva, el turismo cultural, y más específicamente la música, se ha convertido en el gran atractivo turístico que desplaza y aglutina a miles de jóvenes procedentes de cualquier parte del planeta.